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sábado, 24 de enero de 2026

Tres claves para la educación en España: inclusión real, aprendizajes esenciales y transformación digital responsable

Cada 24 de enero, el Día Internacional de la Educación invita a reflexionar sobre el papel esencial que el sistema educativo desempeña en la sociedad. En un entorno marcado por la digitalización, la incertidumbre laboral y los grandes retos globales, la educación se consolida como una herramienta clave para el desarrollo del pensamiento crítico, la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida y las habilidades necesarias para convivir en la diversidad. "En tiempos de sobreinformación, automatización y avances tecnológicos acelerados, educar significa dotar a las personas de criterios para interpretar la realidad, tomar decisiones informadas y construir proyectos vitales sólidos y sostenibles", indica Isabel Martínez Álvarez, coordinadora de la Comisión de Investigación de la Facultad de Ciencias de la Educación de CEF.- UDIMA.

En el ámbito universitario, y especialmente en la universidad online, se consolidan modelos formativos más flexibles que facilitan el acceso a perfiles diversos y a personas con distintas circunstancias personales y profesionales. No obstante, el gran reto continúa siendo garantizar una calidad sólida.


Según Lucía Rodríguez Lorenzo, docente de la Facultad de Ciencias de la Educación de CEF.- UDIMA y especialista en Atención Temprana, “atender a la creciente diversidad y neurodiversidad en las aulas requiere medidas concretas, como son la reducción de ratios para favorecer la atención individualizada, formación continua del profesorado en aspectos cognitivos y socioemocionales, y un refuerzo de los apoyos especializados dentro de los centros educativos”.

En este escenario, se identifican tres grandes desafíos que orientan el camino de la educación actual: la inclusión real, los aprendizajes esenciales y una transformación digital responsable. Las aulas son cada vez más diversas, tanto a nivel cultural como cognitivo, y el sistema educativo debe responder desde la inclusión y la equidad, evitando cualquier forma de segregación. A ello se suma una necesidad urgente, la de reconstruir la confianza en la escuela como un espacio capaz de garantizar aprendizajes profundos, significativos y duraderos.

“Es importante hacer entender a toda la comunidad educativa que la inclusión es un beneficio para todo el alumnado, todos/as debemos ser incluidos en algún grupo alguna vez en nuestra vida y necesitamos de ayuda o apoyo para poder desarrollar nuestras capacidades”, explica Rodríguez Lorenzo.


El fortalecimiento de competencias como la lectura, la comprensión, la capacidad de razonamiento y la convivencia en contextos complejos resulta imprescindible. Estas competencias no deben entenderse como contenidos aislados, sino como aprendizajes transversales que permiten al alumnado desarrollarse plenamente como personas y ciudadanos. Paralelamente, la irrupción de la tecnología y, en particular, de la inteligencia artificial, obliga a repensar los procesos de enseñanza y aprendizaje. El objetivo no es sustituir la figura del docente, sino potenciar su labor, personalizar los apoyos y ampliar las oportunidades educativas sin generar nuevas brechas. “El gran reto reside en equilibrar humanidad y tecnología, rigor académico y bienestar emocional, equidad y excelencia”, apunta Martínez Álvarez.

Para ella, "la diversidad de la oferta formativa constituye, en principio, una gran oportunidad, ya que permite que cada persona encuentre itinerarios acordes a sus intereses, ritmos y circunstancias. Sin embargo, esta amplitud solo aporta valor cuando va acompañada de criterios claros de calidad, transparencia y coherencia pedagógica". En un contexto donde proliferan títulos, modalidades y especializaciones, resulta fundamental que la formación, pública o privada, presencial u online, mantenga estándares rigurosos y esté alineada con las necesidades reales de la sociedad y del mercado laboral. La clave no está en ofrecer más opciones, sino en garantizar que estas conduzcan a trayectorias profesionales sostenibles, accesibles y basadas en la evidencia.

La excelencia educativa no se alcanza únicamente a través del dominio de contenidos teóricos, sino mediante la implicación del profesorado con su alumnado. La observación, la empatía, la escucha activa y la capacidad de adaptación a las necesidades individuales son rasgos esenciales de una educación de calidad. "Apostar por la educación es apostar por una sociedad más justa, cohesionada y preparada para afrontar los desafíos del presente y del futuro", matiza la especialista en Atención Temprana.

Y es que, más allá de los contenidos académicos, “la educación debe ofrecer un espacio seguro donde cada persona pueda descubrir quién es, desarrollar su talento y aprender a convivir en la diversidad. Debe proporcionar competencias emocionales, sociales y digitales para participar plenamente en la vida pública”, afirma Isabel Martínez Álvarez.

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